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Vincho Castillo gozó el aplastamiento de los héroes del 14 de Junio

Delio Gómez Ochoa (derecha)
Sigue contando a la periodista Camelia Michel, revista Rumbo No. 10 (abril 1994), que “la masacre fue de todos conocida, aunque el régimen quiso ocultar la magnitud reportando una mayor cantidad de muertos en enfrentamientos de los que realmente hubo. Lo cierto es que muchos guerrilleros cayeron vivos en las garras oficiales, de las que pasaron a los brazos de la muerte hechos guiñapos sanguinolentos”.


SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Se acaban de cumplir 55 años de uno de los más fervientes discursos de lealtad a Rafael Leónidas Trujillo Molina pronunciado por el doctor Marino Vinicio Castillo, para celebrar la derrota de los héroes del desembarco del 14 de junio, que intentaba derrocar la dictadura sanguinaria de Chapita.
El 19 de julio de 1959 hubo una manifestación de lealtad a Trujillo en San Francisco de Macorís, paras celebrar la derrota del movimiento guerrillero que había llegado al país el 14 de junio de ese mismo año. Fue una manifestación a la que supuestamente asistieron más de 10 mil personas, en presencia del dictador, y Vincho Castillo estuvo entre los que pronunciaron discursos.
Fue en el Parque Duarte de San Francisco de Macorís y allí no solamente llamaban mercenarios y criminales a los expedicionarios asesinados, sino que los identificaban como delincuentes que había llegados “a turbar la paz de paz de la República durante el pasado mes de junio”.
Entre los que proclamaban y gozaban la derrota de los “traidores” al Jefe (Trujillo) se encontraba también José Francisco Tapia Brea, quien dijo que “Los enemigos de la paz dominicana recibieron en carne propia el dolor de su derrota”.
Vigoroso y vibrante, el doctor Marino Vinicio Castillo intervino con una pieza que llamó la atención de los presentes, por el verbo ácido y de decidido desenfreno en la adhesión al Gran Titán que era Trujillo, padre de la patria nueva y benefactor del país.
De acuerdo con el diario El Caribe del 20 de julio de 1959, el doctor Marino Vinicio Castillo, hablando a la multitud y ante Trujillo dijo:
“Hoy precisamente nos congrega en esta asamblea de fervorosa lealtad hacia un ideario político inmaculado, el infinito goce y profundo deleite surgido en el alma nacional, en ocasión de la aplastante victoria obtenida por las fuerzas armadas y populares de nuestro pueblo, que se irguieron vibrantes de valor y de coraje para triturar los focos de ofensa con que se quería masacrar el alto nombre del valor dominicano, desconociendo miserablemente los ideales de paz y de progreso a que vive aferrado este pueblo, lejos ya del bochorno del caos y nutrido por la savia milagrosa del pensamiento de Trujillo”.
En ese momento apenas se iniciaban los halagos de joven abogado al dictador, quien unos meses después lo seleccionó y lo designó de dedo diputado al Congreso Nacional, junto a Manolín Jiménez Rodríguez y Euclides Gutiérrez Félix, entre otros jóvenes de la época.
El doctor Castillo continuó su lealtad al dictador aún después de ajusticiado. Y posteriormente se adhirió al doctor Joaquín Balaguer, y ha sido un elemento que ha levantado su historia familiar como un ejemplo de servicio a la patria, al tiempo que ha utilizado las funciones públicas que ha desempeñado para influir con posiciones conservadoras, aunque sin reivindicar su viejo pensamiento trujillista.
Trujillo dijo que volarían los sesos y las barbas como mariposas
Delio Gómez Ocho, uno de los expedicionarios del 14 de junio, relata lo siguiente sobre lo que ocurrió a sus compañeros:
“Las fuerzas militares de Trujillo, especialmente del Ejército y la Aviación, dieron cuenta, auxiliados por los campesinos de la zona, de aquel puñado de guerrilleros que, asolados por el hambre, las penurias y un conocimiento deficiente del terreno que pisaban, fueron presas fáciles de un ejército que aunque numeroso se manejó muchas veces con torpeza por falta de pericia en acciones de contraguerrilla”.
“A muchos expedicionarios los mataron en la cárcel de La 40, otros murieron en el Kilómetro 9 de la carretera Duarte; algunos en la Base Aérea Presidente Trujillo, de San Isidro, mientras 54 de los que vinieron por Constanza cayeron presos por desnutrición. Los grupos que llegaron por Maimón y Estero Hondo fueron muertos en la costa. Todo sucedió según vaticinara Trujillo, cuando dijo que volarían “los sesos y las barbas como mariposas”, pues ni siquiera perdonaron a los últimos combatientes que finalmente fueron indultados para morir más tarde asesinados en las calles o desaparecer sin dejar el menor rastro. Los últimos en caer fueron Almonte Pacheco, Medardo Germán y Poncio Pou Zaleta, que salieron liberados de La Victoria. De ese grupo solo quedó Mayobanex Vargas.

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