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Los zapatos narrones de 8000 pesos

Esta mañana, yo fui para una tienda a comprar un par de zapatos: al mirar en una vitrina; yo vi unos zapatos marrones que desde lejos se veían muy elegantes y lindos. Pero, al preguntar por el precio, el vendedor me dijo que costaban 7,250.00 pesos.
Al pasar unos segundos, llegó un señor y le preguntó por el precio; pero en seguida el vendedor le dijo que los zapatos costaban 1250 pesos. Este tampoco lo compró. Luego de unos minutos, llegó un joven muy tímido y le preguntó que cuánto costaban los zapatos: el vendedor le dijo en seguida: 1900 pesos; éste tampoco lo compró.
Yo decidí dar una vuelta por el Parque Enriquillo, cuando regresé, los zapatos no estaban en el mismo lugar; sino más lejos en otra mesa. Ya estaban un poco arrugados, curtidos y un poco descoloridos. Yo le pregunté al vendedor que si había vendido los que había visto y deseado. Él me contesto: Yo pensé que eras más inteligente.Yo me quedé callado por varios minutos, el vendedor tampoco me habló. Luego de unos minutos, llegó un señor mayor, casi cayéndose. Él le pidió el precio de los zapatos. Él vendedor le con una sonrisa le contesta: 3500 pesos para ti mi papá. El señor miró los zapatos de arriba hacia abajo, lo midió y lo puso. El viejo caminó con los zapatos desde la Duarte hasta la Puerta El Conde, pero,  al regresa: le dijo al vendedor: Yo buscaba algo que no me lastimara los pies, y se lo devolvió. El vendedor les pasó un trapo a los zapatos y los sopló, y los puso en otro lugar, y me dice: Ya están nuevecito y valen lo mismo aunque el viejo haya pisado heces fecales con ellos.
Yo me sonreí un poco y miré al cielo. Al pasar cinco minutos, llegó un joven de San Juan de la Maguana que nunca había visto unos zapatos marrones. Él le dijo al vendedor: Yo busco unos zapatos para ponérmelos mañana para asistir a una reunión en el Palacio Nacional con el Presidente de la República. El vendedor de inmediato le dijo: TE TENGO LO MEJOR AQUÍ; él fue y tomó los zapatos y le dijo: Porque  eres un joven profesional y es con el presidente que te vas a reunir: dame solo 4500 pesos, pero el precio real es 5500 pesos. El joven torció la cabeza y le dijo: Pero, ¡Hace cinco horas que mi papá tenía puesto estos mismos zapatos mientras limpiaba la pocilga de mi casa y tenían hoyos en las suelas! El vendedor me mira y se sonríe.
 Al paso de unos minutos le dije: Dime la verdad: ¿Cuánto valen estos zapatos? Él me respondió: Mi hermano, estos zapatos ya han pasado por veinticinco manos, pero nadie los quiere porque lastima los pies de las personas y hieden más que el vertedero de Duquesa.
De inmediato, me acordé de un refrán popular que todos conocemos: ´´No todo lo que brilla es oro``. Cuando me vine en sí; Yo le pregunté: ¿Cómo puedes pedir tanto dinero por algo que sabes que no vale la pena? Él me contesta: SI NO VALORAS LO TUYO, NADIE TE LO VA A COMPRAR.
No fue suficiente y le dije: ¡Yo creo que a mucho has engañado con zapatos hediondos, con hoyos y que otros han usado para limpiar pocilgas y luego de rechazarlos, otros se enamoran a muerte de ellos por el brillo! Él me responde: ´´Si no Si no sabes valorarte cualquiera sabrá cómo utilizarte``.
Yo sabiendo la sinceridad que llevo por dentro y lo que yo quería a estos zapatos; yo le contesté: POR MÁS QUE VALORASTE ESTOS ZAPATOS; EL VIEJO LOS PUSO Y ANDUVO CON ELLOS, Y PEOR AUN, HASTA LIMPIÓ SU POCILGA CON ELLOS PUESTOS; pero conmigo te la quieres lucir. Me dice responde el vendedor: Mira mi hermano: ´´Los compradores no utilizan a los vendedores porque los compradores buscan siempre algo bueno; pero los vendedores sí utilizan a los compradores, porque solo buscan ganancias económicas sin importar el futuro``. En eso sabrá los buenos y los chapiadores: ´´El bueno vendedor no cambia mucho los precios de sus productos, porque son buenos y no son de acuerdo a los compradores``.
No te dije engañar por aquellos que hablan bonito y privan mucho, porque lo bueno es bueno y no tiene que ser arrogante ni polifacético.
Muchos han sido engañados con productos vencidos que luego de consumirlos se dan cuenta que no valía la pena tanto esfuerzo y tanta inversión. Sin embargo, los engañadores siempre se adelantan diciendo que lo han engañado para tapar sus faltas y sus malicias.
Los hombres sabios no se dejan utilizar; sino que observan cuidadosamente antes de tomar las decisiones finales.

Nadie debe utilizar a lo que ya ha sido utilizado, porque solo así se evitará los dolores de cabeza de tener que estar reparando y tratando a lo viejo como bebé en pañales.  
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