Maestro Odalís Pérez rechaza Academia de la Lengua otorgue premio a Vincho Castillo  

Lunes 21 de diciembre de 2015

Santo Domingo, D.N.

Señor

Bruno Rosario Candelier

Director Academia Dominicana de la Lengua

Atención: Directiva ADL

Su despacho

Muy estimado académico y amigo:

Aprovecho la oportunidad para saludarle y a la vez explicarle el motivo de mi comunicación.  Como muy bien usted sabe, la sociedad dominicana atraviesa por una profunda crisis de múltiple signo: cultural, moral, espiritual, económica, familiar e institucional. Ha sido convertida en un sociedad violenta y donde históricamente se ejerce y se ha ejercido la violencia en todos sus niveles.  Somos el producto de esta violencia en todos los marcos y grados de la vida social, aunque clamemos a Dios y recemos todos los días. Pero nuestra sociedad no nació así.  Ha sido su Estado y el Estado-Gobierno imperante los que la han convertido en violenta cada día debido a la inequidad, la injusticia, la inseguridad, la falta de derechos y oportunidades sociales y otros males que han logrado infectarla y ser lo que es hoy:  un escenario de agravios, agresividad, muerte, criminalidad, robo, abandono moral, pérdida de la confianza y, sobre todo, delincuencia, privación de derechos constitucionalmente establecidos o determinados y, como muy bien usted sabe, corrupción institucional, política y gubernamental.

Es por eso que, en el orden pragmático y argumentativo, cualquier propuesta de reconocimiento, ponderación, consideración, encubrimiento, premio a un sujeto, debe ser estudiada y sancionada institucionalmente, no sólo en su “estado” sincrónico, sino también histórico y temporal.

La propuesta de incluir a un sujeto para un premio o reconocimiento desde nuestra Academia no debe ser ponderada “a la ligera”, sino de una forma sobria, juiciosa, racional y sobre todo normativa desde el punto de vista ético y moral. Al presentarse una propuesta de “premio” al consejo de dirección o directiva, ella debe ser acompañada de un protocolo “valorativo” del sujeto particular, para que así dicha valoración funcione en su intencionalidad y conformidad ético-moral.

En fecha 10 de diciembre, según comunicación enviada a mi dirección electrónica, se sometió a nuestro consejo un premio a favor del señor Marino Vinicio Castillo, un conocido abogado, político y polemista dominicano, con la predeterminada intención de “premiar” a dicho abogado por el uso correcto y ejemplar del idioma español.  Claro está, dicha maniobra tuvo como artífice discreto y solapado al tesorero de nuestra Corporación, el señor Manuel Núñez Asencio, quien, siendo un conocido militante de la agrupación Fuerza Nacional Progresista (FNP), aspira a ser “diputado” por dicha organización político-partidista, y haciendo uso indebido de un estratégico tráfico de influencia, impuso por lo bajo esta propuesta oportunista y amoral, para autopromoverse políticamente, utilizando a la Academia Dominicana de la Lengua para este y otros propósitos de poder.  Lo que significa un manejo también “amoral” de nuestra institución, a los fines de “maniobrar” y utilizar la respetabilidad de nuestra Corporación desde una perspectiva “politiquera” y gananciosa a favor de su persona.

Estimado Bruno Rosario Candelier:

La Academia Dominicana de la Lengua no es una corporación política o politiquera.  Nuestra Corporación está conformada como una institución humanística, intelectual, profesional, educativa, cultural, crítica, formadora de sujetos públicos y privados, y en ella no deben tener lugar acciones dolosas, inmorales, amorales, politiqueras, sospechosas ni viciosas.

La República Dominicana y en particular nuestra Academia no debe reconocer, premiar o admitir a una persona porque utilice o “use” la lengua de manera correcta y ejemplar, pues el criterio de corrección y “ejemplaridad” no es suficiente para que nuestra Academia premie y reconozca a un sujeto solamente porque muestre un “uso” o fórmula comunicativa pública correcta para dirigirse a un sector u otro de la población.

Hablar “correctamente” no es una excepción, es más bien un deber ciudadano y cultural. Centenares de dominicanos y dominicanas, académicos y académicas ilustres  serían también merecedores de un “premio” o reconocimiento social por el buen uso y el desenvolvimiento lingüístico a nivel de “habla”.

Pero nuestra academia no es una empresa “premiadora” o “reconocedora” de tal competencia o valor. Ella es un cuerpo científico y humanístico que debe tomar en cuenta la producción “escrita” de un intelectual en el ámbito de su instrucción lingüística.

Aparte de que semejante ponderación a favor del señor Marino Vinicio Castillo adolece de respaldo real, científico y académico, es bueno y saludable para nuestra corporación evitar el empoderamiento y encumbramiento de políticos disociadores, intrigantes, contaminantes, solapados y amorales que quieren utilizar nuestra respetabilidad  académica para ganar nombradía o reconocimientos inmerecidos.

Pero, ¿por qué se premia a este político histriónico, megalómano, engreído y fabulador? El argumento es, según los firmantes, el siguiente:

“Por su condición de Maestro del derecho dominicano, su fecunda trayectoria en el ejercicio de la palabra con ejemplar exposición oral y escrita en enjundiosas disertaciones y edificadores artículos, su admirable oratoria y sus ilustradas charlas durante medio siglo en las que evidencia el uso correcto del idioma con riqueza de lenguaje y hondura conceptual, esta Academia honra con el Premio de La Academia A Marino Vinicio Castillo ( Santo Domingo, República Dominicana, 10 de diciembre de 2015”).  El Premio y el diploma expedidos llevan la firma del Director de la ADL, Sr. Bruno Rosario Candelier (Director), el señor José Enrique García (Secretario) y del tesorero-miembro y aspirante a diputado por la FNP, Manuel Núñez Asencio.

Semejante argumento, decisión y premiación carece de un respaldo científico, moral y académico, por cuanto el mismo no toma en cuenta la productividad textual de la persona en cuestión, esto es, un expediente debidamente documentado para que de manera específica y atinada se le premie por su contribución lingüística o literaria en su práctica de abogado, político o polemista. Los discursos y escritos de Adolfo Hitler, Trujillo, Pinochet y los grandes tiranos del mundo moderno y contemporáneo han sido escritos de manera impecable, correcta y ejemplar, y no por ello han sido premiados o deben ser premiados por sus respectivas academias de la lengua por sus llamados “valores lingüísticos”. Los propósitos encaminados a premiar personalidades  políticamente destacadas y por conveniencias grupales o partidistas constituyen una estafa moral a nuestro pueblo, habida cuenta de los muchos males que en el plano moral y social estos le han causado al país.

El otorgarle un reconocimiento a un político de la calaña del Dr. Marino Vinicio Castillo, justamente en un período electoral, coloca a nuestra corporación en un punto social oscuro que la contamina e infecta, y más si se trata del “móvil” de dicho premio o reconocimiento.  Usted muy bien sabe que lo que conduce a este supuesto premio es la “presentación” del jefe de la FNP de un libro políticamente racista, excluyente,  lleno de odio y violencia verbal que escribió el tesorero de nuestra Academia Manuel Núñez Asencio, aspirante a diputado al Congreso Nacional por el partido del abogado Marino Vinicio Castillo (FNP).  El libro que se puso a circular en nuestra Academia el jueves 10 de diciembre del año en curso fue presentado por este “político dominicano”. Dicho libro, titulado La dictadura del débil,es un libro monotemático de un autor monotemático y cuyas obsesiones prototalitarias, racistas, antihaitianas y supuestamente “duartianas” son de todos conocidas. Este documento es un panfleto, un escrito insultante, acusador, plagado de improperios, prejuicios exterminadores, demagógicos e incalificablemente portador de un odio profundo y visceral hacia nuestro vecino país; libro incitador a la violencia, a la provocación; escrito irrespetuoso de toda autoridad moral y desconocedor del valor ciudadano, ético y moral; libro virulento y sin respaldo lingüístico-cultural serio ni responsable; libro “calculadamente” electorero, politiquero y sobre todo con defectos verbales de lengua, redacción, ortografía, estilo y grafémica.

Pero el “tesorero” de nuestra Academia quiere “pagarle” a su amo por esta calculada y gananciosa presentación de su libro y, tomándonos como peleles y tarados, nos  implica en una maniobra indecorosa y amoral, utilizando nuestra Academia para catapultarse, encumbrarse en una próxima posición y función política como diputado.

Como miembro de número de esta venerable Corporación intelectual y sobre todo académica, estuve ausente el día de la convocatoria por motivo de compromiso docente en la UASD, donde por 28 años he ejercido la docencia. No pude faltar a un examen final debido a mi práctica ética y profesional como maestro de esa institución. Sin embargo, la convocatoria a esa reunión donde se le otorgó el Premio de la Academia al político y abogado referido no llegó a mi dirección electrónica acompañada de un expediente con documentos escritos (textuales) que demuestren el valor del contenido de dicha resolución de nuestra directiva. Ni tampoco de una Agenda (sic) que acompañe tal llamado o convocatoria con referencias, aportes, publicaciones o “valores escritos” que respalden intelectualmente la necesidad de la premiación en cuestión.

Estimado Bruno Rosario Candelier:

Usted no debe permitir que se utilice la Academia de la Lengua para semejantes maniobras personalistas, politiqueras y amorales. Es por eso que le pido ante todo cordura, sobriedad ante tal intento manipulador de otorgar reconocimientos y premios inmerecidos, sobre todo a “políticos” con una larga trayectoria de agravios al pueblo dominicano, pues usted sabe muy bien que esa “élite” se ha convertido en un cáncer social, una “plaga” devastadora que todo lo “pudre” en nuestra sociedad-cultura.

De ahí que, con su permiso y con el debido respeto, le hacemos un llamado a nuestra comunidad científica y académica para que juntos rechacemos, como en efecto lo estamos haciendo, este intento de agravio, daño y distorsión de nuestra función institucional y que, por lo mismo, preservemos nuestro espíritu formador, humanístico y promotor de los valores de libertad y moral de nuestra Academia. Rechazar esta “premiación” debe ser un deber ciudadano e institucional.

Atentamente,

Dr. Odalís G. Pérez