OPINIÓN DE UN HIJO DE INMIGRANTE : ¡A la mala, ni siquiera uno!

Por : Pedro Porrello Reynoso - ex ministro de Educación y productor agropecuario.
Soy hijo de inmigrante; mi padre, ya fallecido, vino al país, según los documentos oficiales, el 17 de agosto de 1938, de nacionalidad venezolana, y murió, aún venezolano, en mayo del 1978, cuarenta años después de su llegada al país. 

De mis siete hijos dominicanos, cinco son inmigrantes en otros países; dos de ellos en los Estados Unidos de América, uno en Escocia, uno en España y otro en Alemania. En cuanto a mi persona, pude realizar estudios en el extranjero, en Venezuela, en México y en los Estados Unidos; por lo tanto, soy tan defensor de la inmigración como el que más; no me vengan entonces con sentimentalismos, ni tampoco con acusaciones de ser xenofóbico, racista, y, ni siquiera, de extranjero, porque soy dominicano, nacido aquí, mocano de pura cepa, de madre dominicana y de padre extranjero con residencia legal en nuestro territorio; como dice la ley.


A todos nos afecta el ver como oleadas de hombres, mujeres y niños se ven en la necesidad de abandonar su patria para buscar refugio en otros países. Nuestra familia así lo ha hecho cuando lo ha creído necesario. Ahora bien, nunca se nos ha ocurrido que el país que nos acoge esté obligado a permitir que vayamos a violentar su modo de vida, sus derechos, leyes y costumbres; lo hemos hecho por el método correcto y con el corazón agradecido de las oportunidades que nos han brindado.

En nuestro país, tenemos un problema creciente con la inmigración ilegal, principalmente de ciudadanos haitianos; un problema muy serio y muy mal administrado. Un problema que crece más cada día y no aparece gobierno que lo enfrente con valentía. Jugamos a que cada gobierno dominicano lo evada y la solución se la deje al próximo gobierno; y así pasan los años y el problema se agudiza y se complica.

Nos tocaría hablar de la reciente inmigración de ciudadanos venezolanos que llegan a nuestra nación, escapando de la situación venezolana. Llegan de modo legal, pero si empiezan a trabajar y se quedan sin regularizar su situación, entonces también estarían violentando las leyes de nuestra nación. Las autoridades nuestras eligen mirar en otra dirección, pues si enfrentan una inmigración ilegal, tienen que enfrentarlas todas, y no se atreven a enfrentar la haitiana.

En la lucha que han establecido las caravanas de inmigrantes centroamericanos hacia los Estados Unidos de América la inmigración ilegal se juega su propia existencia como mecanismo de obtención de derechos de residencia en otro país.En nuestro país, que sufre día a día este flagelo, le damos un estrecho seguimiento a todo lo que sucede en la frontera México-USA, pues las enseñanzas que obtengamos de la forma como sea alcanzada la solución al conflicto que se desarrolla actualmente en esa frontera, nos proporcionarán ideas importantes para la evaluación del tipo de solución que luego tendremos que dar al problema Haití-República Dominicana.

A nuestro entender,un solo inmigrante ilegal que logre legalizar su permanencia en los Estados Unidos mediante el uso del violento procedimiento que han emprendido,haría completamente inútil la existencia futuradel muro fronterizo que proyecta construir el actual presidente de los Estados Unidos.Ese solo inmigrante abriría una grieta imposible de cerrar al ya famoso muro, haciéndolo obsoleto e inservible desde antes de iniciar su construcción.

En un artículo publicado por nosotros hace un par de años, titulado “En curso de colisión”,nos referimos al sendero que estamos trillando al permitir una invasión de inmigrantes haitianos que, día a día, crece, crece y crece, con la necesaria complicidad de los organismos encargados de “cuidar nuestra Patria”, pero que, en su lugar, se empeñan a fondo para “cuidar” a aquellos que mantienen el negocio de la “importación” de ciudadanos haitianos, de haitianas embarazadas y de niños de todas las edades, de manera ilegal hacia nuestro territorio, hacia NUESTRA PATRIA.Estamos en curso de colisión porque vamos derechito hacia una confrontación de enormes proporciones:

¡Mientras mas tiempo tomemos en resolver este asunto con nuestros vecinos, más dolor nos causará y mucho más causaremos, dada la naturaleza y drasticidad de la solución que tendríamos que darle a este problema!