Loading...

Las mujeres maduras y la soledad


Hay mucha gente por ahí sufriendo soledad. Una soledad que se maquilla, que se disimula, que se invisibiliza, porque no se ve bien que vayamos pregonando tristezas ni evidenciando nuestra vulnerabilidad. Particularmente en la era de las redes sociales, que nos conmina a mostrar rostros felices, vidas satisfactorias, logros y relaciones cuasi perfectas, hablar de nuestras soledades es pecado. 
De eso no se habla, porque pertenece a lo íntimo, a lo privado. Es más aplaudido que finjamos que tenemos la vida perfecta. 

Llegar a la edad madura sin pareja, cuando ya l@s hij@s han crecido y tal vez se han ido, cuando la mayor parte del día te la pasas en tu trabajo y llegas en la noche a encerrarte entre 4 paredes, y a dormir porque mañana hay que volver a la rutina, resulta a veces insoportable, insostenible. 

Algunas personas pueden aconsejarte, con la mejor buena fe del mundo: sal, diviértete, disfruta tu soltería, tu libertad, haz cosas que te gusten, visita amistades y familiares. Eso puede funcionar momentáneamente. Pero al final del día vuelves a estar sola, a sentir la ausencia, el vacío, el silencio. Las mujeres de mi cultura estamos hechas para vivir con y para otr@s, y al vernos libres de ese compromiso social, no sabemos qué hacer con nuestras propias vidas, con nuestras energías, con nuestro tiempo, con nuestras ganas. 

Tememos a la soledad. Aprender a vivir con ella sin dejarnos abrumar, hacer las paces, hacerla nuestra mejor aliada, no nos resulta sencillo. Sentirse sola no es una patología mental individual. No es algo que se cure con pastillas ni con terapia. 

Sentirse sola es una patología social que las mujeres maduras padecemos, que se hace más patente cuando reconoces que establecer pareja se nos hace más difícil, en una cultura que rinde culto a la juventud. Y aún más cuando te vuelves más intuitiva, más sabia, más selectiva para enamorarte, y sabes lo que ya no quieres en tu vida.
Autor: Sheila Báez Martínez
Loading...